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Exploración Ca32
Esta sima fue descubierta por el grupo francés Dijon Espeleo en una de las campañas de exploración en la zona que tuvieron asignada durante varios años en Calseca-Ruesga, hasta que en 1998 abandonaron la exploración en Cantabria. Por entonces nosotros ya estábamos en la torca de Bernallán y nos ofrecieron el hacernos cargo de su zona, a lo que accedimos ilusionados porque ampliaba nuestras expectativas espeleológicas. En el traspaso de zona, nos facilitaron información sobre diferentes cuevas y simas que ellos habían explorado y marcado. En la descripción de la Ca-32 se puede leer, "pozo de 30 m".
Durante las primeras pateadas por el valle de Bordillas, en las que buscábamos simas que nos permitiesen alcanzar desde el exterior la cabecera del rió del "Año del Perro" de Bernallan, Mercedes y Miguel Ángel localizaron su entrada, por la que salía un aire tan frío que hacia suponer que allí abajo había una cavidad con gran desarrollo de pozos y galerías.

En el primer descenso a la Ca-32, otoño de 2000, Adolfo
y Miguel Ángel bajaron un pozo de 40
m., comprobando al llegar a su base que no había
continuación. Antes de iniciar la subida, tiraron unas piedras por una ventana
que se encontraba a unos 8 m.
sobre sus cabezas. En contra de lo que esperaban, el sonido de la piedra que
escucharon no fue de rebote contra las paredes de caliza, sino un "chof" de
agua. Parecía ser que al otro lado había una acumulación agua y por el sonido
que escucharon de las piedras contra la superficie, el charco debería de estar
bastante profundo
Al año siguiente y con la intención de escalar la pared donde se
encuentra la ventana, descienden Dirk y Adolfo. Después de emplear muchas horas
haciendo la instalación de un pasamanos sobre unas coladas de barro con
anclajes de muy dudosa seguridad, consiguen llegar a la ventana, donde se abre
un nuevo pozo que descienden y que dio un desarrollo de 11 m. En la base se
encontraron con un charco de unos centímetros de profundidad donde caían las
piedras. Al final esta acumulación de agua no se encontraba tan profunda como
se pensó en su momento y debió ser la morfología las paredes del pozo las que
distorsionaron el sonido, haciendo creer que el agua estaba a mayor
profundidad. Tras la decepción de avanzar solo 11 metros después del
trabajo realizado y del riesgo asumido al asegurarse al pasamanos, observaron
que había una posible continuación algo estrecha que por falta de tiempo
dejaron para una ocasión mejor. Al salir desinstalaron la cuerda del pasamanos y dejaron para posteriores incursiones una
cuerda desde la ventana a la base del pozo de 40 m. que salvaba la trepada.
Ese mismo año baja un equipo formado por Josechu, Dirk, Adolfo y
Miguel Ángel. En esta ocasión topografían la sima hasta el pozo de 11 m. y exploran la estrechez
que había quedado pendiente, resulta ser un pequeño meandro que se termina muy
pronto. Tras esta nueva decepción, el equipo decide regresar y desinstalar la
sima, pero la curiosidad, compañera de todo explorador con instinto, hizo que
uno de los componentes se decidiese a ver que había en una ventana colgada a 5 metros, para lo que
trepó hasta alcanzarla, encontrando un meandro por el que se podía pasar y
progresar fácilmente. Este es su relato personal:
"Tras una trepada relativamente fácil y asegurado con la cuerda del
pozo que hemos descendido, llego a un meandro por el que podía caminar con
comodidad. Me decido a continuar unos metros para ver si merecía la pena
explorarlo. Según avanzo oigo cada vez más fuerte un sonido parecido al que
produce el agua al circular por el lecho de un río. Entusiasmado, en lugar de
comprobar que el ruido que escucho realmente esta producido por una corriente
de agua, regreso a donde estaban los demás esperándome y le digo..."he
escuchado una cascada de un rió con abundante agua". Nos embarga la impaciencia
del descubrimiento y subimos todos en tropel al meandro y comenzamos a
topografiarlo y al llegar al final ... el cachondeo, lo que me pareció un gran
río con una cascada y un caudal abundante, resulto ser un maldito agujero
soplador que producía el sonido que yo escuche al circular por él de forma
intermitente, una fuerte corriente de aire forzada por su estrechez.
Desilusionados ante la imposibilidad de franquear el obstáculo, nos pareció que
seria imposible abrir aquel agujero y
nos fuimos de aquel lugar con el "rabo entre las piernas"".
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