La desilusión fue tan grande que influyo en la decisión que tomo el
quipo de desinstalar la cuerda de la escalada, clave para continuar en un
futuro explorando esta sima sin mayor esfuerzo.
Conseguida en julio de 2006 la conexión de Bernallan con los Moros,
retomamos la exploración de la
Ca-32 con la misma ilusión del primer día, poder llegar desde
el exterior a la cabecera del rió del "Año del Perro" en Bernallan.
Han pasado cinco años desde la última incursión a esta torca, pero la
esperanza y la voluntad de ver lo que hay más allá del agujero soplador, unido a la mejora de los
utensilios de desobstrucción que poseemos hoy, nos mueve a intentarlo otra vez.
La primera visita la hace el equipo formado por Antonio y Adolfo con
el propósito de franquear el pequeño agujero por el que sopla el viento, pero
se encuentran que la instalación del pasamanos, a pesar de tener sus spits, es
de lo más precario y comprometido. En esta ocasión no se asumen los riesgos de
la vez anteriores y se emplea todo el día en realizar una nueva instalación más
segura para alcanzar la ventana donde se encuentra la cabecera del pozo de 11 m.
Al día siguiente los mismos exploradores consiguen llegar al agujero
soplador y comienzan las labores de desobstrucción. Ese día consiguen agrandar
el agujero lo suficiente como para ver que al otro lado continuaba el meandro.
La fuerza, la temperatura y el caudal de aire que pasaba ese día por el agujero
era tan grande que ambos espeleólogos tuvieron que trabajar ateridos de frió.
Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no consiguieron franquear el
estrechamiento.
Unos meses después, concretamente el 20 de enero del 2007, un equipo
más numeroso formado por Antonio, Adolfo, Lolo, Lobato y Miguel Ángel, retoman
las labores de desobstrucción. A los artilugios para poder abrir el agujero se
añaden un martillo pesado y un "cortafrío".
Una vez superadas las dificultades de las cuerdas que quedaron
instaladas de la vez anterior,
encuentran en esta ocasión, que el agujero soplador exhalaba solo una
ligera brisa, lo que les permitió trabajar sin padecer el frío sufrido la última vez
Después de varias horas de arduo trabajo consiguieron abrir el agujero
lo suficiente para que se deslizara un hombre por él, desde ese instante esta
estrechez en el meandro se llama "Paso del Cortafrío".
Los cinco pasaron al otro lado, y avanzaron sin dificultad pues el
meandro mantenía sus dimensiones durante 30 metros, a partir de
los cuales empezó a desfondarse hasta convertirse en un pozo de... por el
momento la cuerda de 50 m
que disponían no llegó al fondo, y además, este tampoco se vislumbraba, por lo
que entre unas cosas y otras, calculamos que tendría una profundidad
comprendida ente unos 80 a
200 metros,
cifras estas para no pillarnos los dedos...