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Exploración Ca32 Tercer y Cuarto Asalto Imprimir Correo
Escrito por Secja   
Miércoles 07 de Noviembre 2007
 

    En el primer fraccionamiento, ya se empieza a vislumbrar lo que va a ser la aventura. Como Antonio está fatal de la memoria, no se acuerda que él pesa casi ochenta kilos en canal, mas veinte que lleva en la saca, cuando él se dispone a fraccionar, la cuerda es un metro mas larga que para el común de los mortales, con lo que...ATENCIÓN:¡Que lo sepa todo el mundo!; tiene una extraña propensión a dejar las combas cortas así que, nada mas llegar a la primera chapa ( que por cierto, tiene un roce a la subida ), los pesos plumas del equipo, Merceditas y yo, contamos con un metro menos de cuerda y no podemos ni abrir el descensor. Menos mal que hay oficio y después de un par de amenazas de llevarle a la Wes, salimos del paso. De ahí, otro saltito hasta el fondo del pozo de entrada, donde todos creíais que estaban los restos de una vaca.

    Pues no señores, no. Mis fuentes me han informado que se trata de los restos de un toro que era de un amigo del Padre de Cipriano. El tío "Nosequeee" que andaría corriendo a las vacas de Bordillas. No me aclararon si el que corría a las vacas era el toro o el tío "Nosequeee".
 
    Luego viene una subidita de nada con un solo spit, que da a una ventana con otro pocillo con la cabecera tras un pasamanos, donde ya vas entrenando para hacer como Tarzan. Mas vale que no se rompa nada en ese pasamanos...aunque bien mirado, como en el fondo del pozo hay un charco profundo, pues tampoco pasa nada.
 
    Once metros para abajo, das el grito y te cambias de liana, para subir a un comodísimo meandro, donde esta el Paso del Cortafríos, que no se porque se llama así, pues no corta el frió ni ná.

    Otro meandro, cómodo, amplio, acogedor y llegamos a la escena del crimen. A esta alturas, Mercedes y Miguel, se habían rezagado, para fotos o lo que surgiese..., y Adolfo y yo mandamos a Antonio a que se enfrentara con la negrura del abismo, mientras nos tomábamos otro cafetito en mitad del meandro, que para eso estábamos probando un termo.
 
    Le explicamos a Antonio, no una, sino varias veces, como era la maniobra que pretendíamos hacer y con la que, además, según contó mas tarde, estábamos todos de acuerdo. Ir instalando una cuerda nueva de 10 mm y 100 metros, desde la misma cabecera, para ir llevando hacia abajo las de 9mm, que se habían instalado en la salida anterior. Pues no. Se le olvido. Antes de bajar nos pasa la saca en la que se le ha abierto la botella con toda nuestra agua, lo que nos condena a la deshidratación o a chupar las paredes. Todo empapado...
Se baja, por supuesto sin cambiar la cuerda, (tiene memoria de lubina), y nos grita que bajemos que hay sitio para tres. Era mentira, no hay una puñetera repisa en todo el pozo; tan solo dos montoncitos de barro, alejados de la cuerda, dónde pretendía que Adolfo y servidor, estuviéramos con el culo al aire mientras él continuaba la instalación hacia abajo.

    Nos rebelamos y nos tomamos otro cafetito en el meandro, mientras él instalaba todo el pozo hasta abajo y nosotros esperábamos al Miguel Ángel y a Mercedes. Tampoco instaló tanto, porque resulta que la cuerda que puso Lolo en la salida del 27 y 28 de enero, llegaba hasta el suelo y aún sobraba...
Hago un inciso para declarar solemnemente que D. Manuel (Lolo), las debió pasar muy negras en mitad de aquel pozo de barro con todo el agua que le caía encima, porque los últimos 60 ó 70 metros son de barro y baja agua como si fuese el nacimiento del Orinoco.

    Restablecido el ritmo normal de lo que debe ser una exploración seria, (la nuestra no lo fue en ningún momento) Adolfo empieza la bajada para situarse en la cabecera del pozo gordo ¿Y que pasa? Pues otra vez la comba corta y se queda crucificado allí en medio. Empieza a jurar como si estuviese Aceves cerca y como única solución, hay que deshacer el primero de los nudos de la cabecera, que era un ballestrinque, y con tanta maniobra se le pierden los pedales y el pantín.

    No es que se le cayeran, que eso le pasa a cualquiera, es que se le perdieron. Otra vez para arriba y a buscar en dos pocetes que hay a los lados del meandro. Que no están. Pues no bajo. Pues te fabricas unos pedales con algo. Ni una puta driza entre todos. Íbamos sobrados. Al final aparecieron y bajamos sin mas percances, salvo el barro omnipresente, para llegar a una rampita en el fondo resbaladiza como el jabón.
 
    Allí tras hacer apuestas sobre la longitud del pozo, nos tomamos el último cafetito y otra vez la desilusión. Ni galerías, ni más pozos, ni ucranianas, ni siquiera un trago de agua que echarse al coleto.
Finito, como dice Dirk.

    Únicamente un meandrillo, otra vez amplio, cómodo, ventilado, que da acceso una salita donde se adivina, tras una escalada pendiente, una posible continuación. Hicimos un intento en la escalada, dejando una cuerda instalada para terminarla otro día que llevemos drizas, mosquetones, agua..., en fin lo normal que se lleva a estos sitios.


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Última actualización ( Miércoles 07 de Noviembre 2007 )